29-05-2015

Recuperación económica y el resultado electoral

 

En uno de los últimos mítines de la reciente campaña electoral Rajoy recurrió (ya lo venía haciendo) a lo que consideraba su mayor baza, la supuesta recuperación de la economía, y en tono más bien categórico lanzó aquello de quién se acuerda de la prima de riesgo, del rescate, de la recesión y del paro.

 

Es posible que no se acuerden o no quieran acordarse los seis millones de electores que le han votado, pero son muchos más los que, a juzgar por los resultados, sí lo tienen presente y muy presente; no solo el desempleo, que permanece en cifras alarmantes, sino las bajadas generalizadas de salarios, el empeoramiento en las condiciones laborales, los recortes de pensiones, en la sanidad, en la educación, etc.

 

La OCDE, en el último informe sobre la desigualdad que acaba de publicar, señala que España ha sido el país en el que con la crisis más ha crecido la desigualdad. En el periodo 2007-2011, el 10% de los hogares, el de los más desfavorecidos, han perdido el 13% de sus ingresos anuales, mientras la renta media perteneciente al decil superior se ha reducido tan solo en un 1,5%. Y si tuviéramos datos del 1% de la población de mayores ingresos, descubriríamos con toda seguridad que su renta y su riqueza se han incrementado.

 

Todo indica además que, a partir de 2011, la desigualdad se habrá hecho aun mayor. El INE acaba de publicar también la Encuesta de condiciones de vida en España. Los datos indican que el ingreso medio en las familias ha descendido desde 29.634 euros en 2010 a 26.154 euros en 2013, y lo que resulta más grave: el incremento de la desigualdad. El porcentaje de población bajo el umbral de riesgo de pobreza o de exclusión social pasa de 24,7% en 2009 a 29,2% en 2014. Desigualdad que también refleja el índice de Gini, que en 2008 alcanzaba un 0,329 y ha ascendido a 0,347 en 2013.

 

El temido rescate, los recortes, la prima de riesgo, la recesión, etc., continúan presentes en la memoria de la mayoría de los españoles porque sus efectos se mantienen. Incluso muchos de los ciudadanos son conscientes de que, mientras sigamos en la Unión Monetaria, los factores que desencadenaron esta situación perviven y están prestos de nuevo a exigir sacrificios a los más débiles.

 

Hace apenas unos días en Sintra, Draghi volvió a reclamar de los gobiernos la necesidad de acometer reformas estructurales. Por otra parte, es algo que hace un día sí y el otro también y ya sabemos a qué reformas se refiere, especialmente a la del mercado laboral y a los recortes en las distintas prestaciones sociales. El tema es tan llamativo que, a pesar del lenguaje diplomático y de las relaciones de guante blanco que rigen entre los mandatarios de bancos centrales, su postura ha sido directamente criticada por el vicepresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Stanley Fischer: “Un banco central puede pedir reformas como la laboral muy de tarde en tarde, pero no puede convertirlas en su principal argumento”. Y es que Draghi en su discurso inaugural de Sintra empleo la palabra reformas 77 veces en 15 minutos.

 

La disparidad entre la FED y el BCE es bien ilustrativa de la injerencia de esta última institución en todo el ámbito político, a pesar del déficit democrático sobre el que se asienta, e indica claramente lo que los ciudadanos, especialmente los del Sur, pueden esperar del futuro y hasta qué punto resulta ilusorio -o más bien iluso- el discurso de la recuperación.

 

El ejemplo de Grecia y los meses transcurridos desde el triunfo de Tsipras dejan patente cómo las fuerzas que actúan en la Eurozona no están dispuestas a soltar la presa y hasta dónde piensan llegar para someter a los rebeldes. Lo que en Grecia se ventila es la reducción de las pensiones, la reforma del mercado laboral, las privatizaciones, el salario mínimo, la subida del IVA. Y todo eso después de lo que ya ha llovido sobre la población helena. Contemplando los sacrificios que se les han impuesto a los ciudadanos griegos y la nueva vuelta de tuerca a la que se les quiere someter, ¿cómo pensar que España ha pasado ya la página? El pretérito está todavía muy presente pero, lo que aún es peor: su sombra anuncia el futuro sin que se vislumbre la salida. Esto explica, creo yo, en buena medida los resultados de estas elecciones.