20-03-2015

Descolocados: de Grecia a Cataluña

 

No siempre resulta fácil ser consecuente. De ahí que con frecuencia los actores en la vida política se sitúen en el lugar que no les corresponde si se atiende a su posición y trayectoria. En los enfrentamientos que Grecia está teniendo con Berlín y Bruselas, los Gobiernos de España y Portugal deberían haberse puesto del lado del país heleno. Era su bando, el de los deudores, el que convenía a los intereses de sus respectivas naciones. Han preferido, por el contrario, situarse junto a los halcones.

 

En la Unión Monetaria, los países del Sur han estado, en general, descolocados. Cada uno de ellos ha pretendido que no se le compare con el resto, salirse del grupo. Afirman que son distintos y que no están en la misma situación que los otros. Esa ha sido la gran baza de Alemania, no encontrar un frente unido de oposición. Incluso los intereses de Italia y Francia pasan por situarse en el bando de los deudores en contra de Alemania, Austria, Finlandia, etc. No es Grecia la que está poniendo en peligro el euro, sino Alemania empecinada en mantener un 7% de superávit en su balanza por cuenta corriente, situación insostenible para el resto de países europeos, pero también para la economía mundial en su conjunto.

 

El argumento empleado por el Gobierno del PP y sus adláteres, señalando la deuda que Grecia tiene con España y arguyendo que por eso el Gobierno tiene que cuidar del buen fin de esos recursos, es decir, situando a nuestro país del lado de los acreedores, tiene poco recorrido, y mucho menos cuando añaden que esos 26.000 millones de euros serían de mucha utilidad para dedicarlos a gastos sociales en el interior.

 

Y digo que tiene poco recorrido porque España jamás ha prestado a Grecia esa cantidad. De los 26.000 millones solo el 6.659.48 millones, que corresponden a la primera fase del rescate (años 2010 y 2011), son préstamos directos al país heleno; el resto, unos 19.600 millones, constituyen la participación española (12,7%) de los créditos concedidos a Grecia (141.800 millones de euros) por el Fondo Europeo de Rescate (ahora, Mecanismo Europeo de Estabilidad) y que esta entidad ha captado de los inversores internacionales mediante la emisión de bonos avalados por todos los países miembros, cada uno por la cuantía correspondiente al porcentaje en que participa.

 

Nosotros jamás hemos entregado esa cantidad a Grecia, tan solo participamos de un riesgo, el que Alemania con suma habilidad supo trasladar de los bancos alemanes al resto de los países miembros. Riesgo que solo subsistirá mientras las reglas de juego sean las actuales y no se cambien, por ejemplo, en una conferencia de deudores-acreedores en la que se decida una solución global a toda la deuda generada por un mal diseño y peor funcionamiento de la Unión Monetaria. Recordemos que esta fue la primera propuesta de Xipras, y a la que se deberían haber sumado los Gobiernos de Portugal, Irlanda, España e incluso los de Italia y Francia. Hace tiempo que todos esos países tendrían que haberse unido para imponer a Alemania unas reglas de juego distintas de las existentes en las que se compensasen las transferencias de recursos que diariamente se hacen desde todos estos países a Alemania, vía los mecanismos de mercado y cuya plasmación es ese excedente en su balanza de pagos del 7% del PIB.

 

El descoloque de la derecha en este tema aparece como evidente cuando se considera el patrón que aplican al problema catalán. Con toda lógica, no admiten que se diga que hoy los andaluces, extremeños o castellanos están costeando sus prestaciones sociales con el dinero de los catalanes. Entienden que la unidad de mercado y la unidad monetaria crean tales desequilibrios y desigualdades, tanto personales como regionales, que se precisa la actuación redistributiva del Estado mediante una hacienda pública central para enjugar tales diferencias. No es dinero de los catalanes ni de los madrileños ni de los baleares, sino de todos los españoles y se destina a solucionar las necesidades también de todos los españoles. Por eso piensan que no tiene ningún sentido hablar de déficit o superávit fiscal. Están, sin duda, en lo cierto, pero entonces no se entiende que apliquen criterios distintos cuando se refieren a Europa y sostengan que Syriza pretende cumplir las promesas sociales con dinero que no es suyo, sino de otros países. Aplicando los mismos criterios que utilizan con las regiones de España deberían mantener que las deudas no tendrían que considerarse deudas, sino transferencias sin contrapartidas.

 

Pero en esto del descoloque participan todos. También gran parte de las fuerzas de izquierda están desnortadas en el tema catalán. Defienden -y con razón- que la Unión Monetaria europea debe completarse con la unión fiscal. Es más, que la Unión Monetaria sin una verdadera hacienda pública europea conducirá a todo tipo de injusticias, desigualdades y crisis humanitarias, tal como está ocurriendo en Grecia. Mantienen que la estructura actual está creando una situación insostenible, no solo para el país heleno sino también para otros muchos Estados, entre los que se encuentra España. Tienen razón. Pero entonces se comprende mal que lo que critican y rechazan de Europa lo acepten e incluso pretendan implantarlo entre las regiones de España. No se comprende que hablen de déficit fiscal y que quieran trocear la hacienda pública española, al tiempo que mantienen la unión financiera y monetaria.

 

La única formación política que en esta materia parece no estar descolocada es CiU. Como buenos liberales, están encantados con el actual proyecto de Unión Monetaria y con las desigualdades que genera, y ansían establecer en España un sistema similar en el que el factor redistributivo quede reducido al mínimo o incluso desaparezca. Aunque pensándolo bien, últimamente también han perdido el norte, se han pasado de rosca, pretenden matar la gallina de los huevos de oro. Abogan por romper en el estado español la unión política, con lo que desaparecerá la unión comercial, financiera y monetaria que tantos beneficios les reporta. Esto lo han visto claro los poderes económicos y financieros catalanes y por ello se muestran reticentes y no están dispuestos a favorecerlo. En resumen, el único que está en su sitio es, como siempre, el dinero.